Catálogos de fotografía imprescindibles (1)

2 Jul 2020

Catálogos de fotografía imprescindibles

Vicios

Cuando empecé a ganarme la vida con mis primeros encargos fotográficos, hace ya más de 25 años, tenía dos “vicios’” claros, la música y los catálogos de fotografía. Por aquel entonces todavía no había montado mi primer estudio y, por tanto, aun no era consciente del significado de “vivir para pagar”. Mis únicas inversiones eran los discos y los libros, y la verdad es que tampoco me planteaba aspirar a mucho más. Era feliz con tan poco o… con tanto, según se mire. De hecho, cuando rememoro mentalmente algunos pasajes de mi anterior juventud, puedo aun revivir con claridad aquella sensación, casi orgásmica, de arrancar el envoltorio de plástico y descubrir el diseño interior de un cedé de Mike Oldfield o Wim Mertens, o las fotografías de un catálogo de Duane Michals, Jan Saudek o Helmut Newton. Normalmente esta escena solía producirse en un tren, de vuelta a casa, después de liquidar gran parte de mis ingresos en las tiendas de música y librerías de la capital, y creo que mi éxtasis era más que evidente porque al mirar a mi alrededor no era extraño cruzarme la vista con alguien que me observara como si yo fuera el mismo Gollum ensimismado con su “tesoro”.

Son placeres que hoy en día casi han desaparecido de mi vida, no porque no pueda hacer lo mismo que antes, sino porque las sensaciones ya no son, ni de lejos, las mismas. Con la música ya hace tiempo que me suscribí a una plataforma online desde la que accedo a todo lo que me apetece escuchar y que ahora me sería imposible encontrar publicado en cualquier formato físico. Tengo unos gustos musicales bastante particulares y si antes ya me era complicado hacerme con algunos discos en formato cedé, ahora es prácticamente inviable fuera de los canales de Internet. Podría decir que gracias a las plataformas online ahora “nado en la abundancia” en cuanto a mis músicas deseadas, pero sin duda esa misma abundancia, en la que todo está disponible, también ha hecho que se pierda el encanto de ese proceso que consistía en escuchar una melodía en la radio, obsesionarte con ella, buscarla, descubrir el disco y a su autor, subirte a un tren y patearte las tiendas de música de la ciudad hasta encontrar el objeto del deseo y volver con el premio y la satisfacción de haber cumplido exitosamente con una misión vital.

 

Catálogos, libros y discos

© Bernat Gutiérrez

 

Con los libros y catálogos de fotografía todavía hay bastante de todo aquello. La mejor manera de disfrutarlos sigue siendo en su formato impreso, por tanto, el placer de desempaquetarlos y descubrir su contenido sigue teniendo algo de aquella “ansia”, aunque los tiempos y uno mismo sean otros. Antes los adquiría en una librería especializada como, por ejemplo, la Librería Railowsky en Valencia (España), toda una veterana que todavía sigue en activo y ahora con venta online. También podías pasar una buena tarde en la sección de libros de la FNAC, ojeando ejemplares sin prisas antes de escoger, aunque su vocación cultural ha ido mermando bastante con el paso de los años. Ahora, sin duda, Internet es la mejor opción para acceder a esos catálogos de fotografía, bien a través de las grandes plataformas de venta online, como también de otras más modestas (librerías, editoriales…) en las que te puedes encontrar algunas joyas editadas originariamente en cualquier parte del mundo, por no hablar del mercado de segunda mano, en el que puedes conseguir algunas ediciones fuera de stock y bien conservadas, aunque demasiadas veces a precios desorbitados, sobretodo si estas son limitadas o especiales o forman parte del exquisito grupo de las publicaciones legendarias sobre la fotografía.

La mejor manera de aprender a mirar para un fotógrafo es indagar en el lenguaje de la fotografía, que para nada es una línea recta. La técnica se puede adquirir y practicar con mayor o menor pericia, pero la mirada, por mucho que algunos tengan un don innato, se ejercita descubriendo como es la mirada de “los otros”.

La mejor manera de aprender a mirar para un fotógrafo es indagar en el lenguaje de la fotografía, que para nada es una línea recta. La técnica se puede adquirir y practicar con mayor o menor pericia, pero la mirada, por mucho que algunos tengan un don innato, se ejercita descubriendo como es la mirada de “los otros”, cada uno con su propia manera de percibir y entender el acto fotográfico y sus procesos. Yo he aprendido a mirar con la obra de mis verdaderos influencers: Duane Michals, Chema Madoz, Helmut Newton, Erwin Olaf, etc… Pero además, gracias a sus catálogos publicados he aprendido mucho sobre como es el laborioso proceso de seleccionar y trasladar la obra fotográfica de un autor a un proyecto editorial, con sus formatos, su diseño y maquetación y su calidad de reproducción con respecto a las imágenes originales… Algunas publicaciones pueden llegar a ser auténticas obras de arte en sí mismas y una pieza codiciada para coleccionistas.

Vamos pues con una primera selección de catálogos fotográficos. Algunos de ellos todavía adquiribles sobretodo a través de la venta online; otros, por desgracia descatalogados aunque por su relevancia bien valen una reseña, sin obviar algunas de esas publicaciones que han hecho de la exclusividad su principal atractivo, solo al abasto de gente con cierto poder adquisitivo (no es mi caso aunque me pese…).

Sumo de Helmut Newton

Y empezamos con el titán de los catálogos editados. Y lo de titán no es en sentido figurado porque adquirir uno de los 10.000 ejemplares que se publicaron de Sumo en su edición limitada era, prácticamente, como llevarte a casa una exposición particular encuadernada, no solo por el conjunto de obras, sino sobretodo por el tamaño de estas, impresas con unos estándares de calidad propios de una pieza artística original. Hablamos de la proeza (y extravagancia) de la editorial Taschen que en 1999 batió todos los records imaginables con la publicación de esta legendaria retrospectiva fotográfica de Helmut Newton en 464 páginas a formato 50 x 70 cm, con atril incluido diseñado por el mismo Philippe Starck, algo perfectamente entendible, no solo por el tamaño del libro en cuestión, sino también por los 35 kilos de peso de cada ejemplar. Todo ello por el módico precio, según la reseña web de la misma editorial, de 17.500 €, ganándose por méritos propios el ser considerado como el libro más caro publicado en el siglo XX.

 

Sumo de Helmut Newton

Original de Sumo publicado en 1999. © Taschen

 

La mala noticia es que, si por una de aquellas vais sobrados de pasta y os apetece ampliar el mobiliario de casa con semejante inversión, Taschen ya hace años que colgó el cartel de agotado para este artículo. De hecho, los 10.000 ejemplares de Sumo volaron en poco tiempo tras su primera edición. La buena noticia es que, para el resto de los mortales, actualmente tenéis la edición low cost con motivo del 20 aniversario de la publicación original, en un formato menos pretencioso (27×38 cm) y a un precio mucho más terrenal, 100 € (incluso menos con algunas ofertas online). Esta reedición contiene el mismo contenido publicado en su momento, con sus 464 páginas, revisado y actualizado por June Newton, esposa de Helmut Newton hasta el fallecimiento de este en 2004, y se complementa con el making of del proyecto Sumo original. Además, hablamos de la editorial Taschen, sinónimo de exquisitez y calidad máxima en todos sus proyectos editoriales, sean a tamaño normal o al de una mesa camilla.

 

Edición de Sumo con motivo del 20 aniversario de la publicación original. © Taschen

 

Para quiénes no conozcan la obra de Helmut Newton (que ya os vale), hablamos de uno los tótems de la fotografía del siglo XX y de cualquier tiempo futuro por extensión. Su influencia en la fotografía de moda y el retrato es indiscutible, pero sin duda son sus fotografías de desnudo femenino las que marcaron un antes y un después en este género, combinando glamour, erotismo y belleza, y cierta dosis de voyerismo, a veces en los límites del estereotipo sexual de la mujer, algo que quizás impida a más de uno y una entender y contextualizar en estos tiempos que corren su contribución al mundo de la fotografía si no lo hace con amplitud de miras y conociendo bien toda la obra de este fotógrafo. Seguramente Newton saldría al paso hoy en día con aquella famosa frase suya: «Mira, yo no soy intelectual, yo solamente tomo fotos».

Y si con Sumo no tenéis suficiente aquí os dejo un bonus track para completar su retrospectiva en vuestra estantería (si os cabe) con sus instantáneas disparadas en sistema Polaroid.

 

Polaroids de Helmut Newton

Polaroids de Helmut Newton. © Taschen 

A Different Vision On Fashion Photography de Peter Lindbergh

Siguiendo con la misma editorial, vamos con otro imprescindible que también revolucionó los códigos de la fotografía de moda y es considerado como el artífice del fenómeno de las supermodelos de principios de los 90. Hablo del recientemente fallecido Peter Lindbergh y de las casi 500 páginas de A Different Vision On Fashion Photography, de nuevo con la calidad indiscutible y el gusto exquisito que caracterizan las publicaciones de Taschen.

 

A Different Vision On Fashion Photography de Peter Lindberbh. © Taschen

 

Peter Lindbergh empezó tarde con la fotografía, ya en la treintena, llegando a coincidir en sus primeros años como fotógrafo en la revista Stern con Helmut Newton. Pero es en París dónde adquiere el reconocimiento mundial, destacando por su particular concepción de la fotografía de moda, casi siempre en blanco y negro y en unos códigos estéticos propio del documental, alejada de cualquier estilo de aquella época (principios de los 80). Su lenguaje visual, lleno de naturalidad y de corte intimista, cautivó a las más prestigiosas marcas de moda convirtiendo a Lindbergh en uno de los fotógrafos más codiciados a pesar de que en sus imágenes la moda siempre resultaba ser un pretexto y pocas veces el foco de atención.

Lindbergh realizó la fotografía de portada para la edición de British Vogue de enero de 1990, para la cuál escogió a cinco modelos emergentes, casi desconocidas por aquel entonces, y las fotografió en medio de una calle de Nueva York, prácticamente sin maquillar y mirando a cámara de forma sencilla como podría posar cualquier grupo de jóvenes en un encuentro de amigas. Sus nombres: Naomi Campbell, Linda Evangelista, Tatjana Patitz, Christy Turlington y Cindy Crawford. Aquella fotografía se convirtió en un auténtico icono que revolucionó el concepto de la belleza en el mundo de la moda y dio pie al controvertido fenómeno de las supermodelos de la década de 1990, dejando de ser consideradas como simples “maniquíes” y adquirieron un protagonismo propio de una estrella de rock, que incluso llegó a eclipsar a las mismas marcas para las que posaban o desfilaban.

 

Portada de British Vogue de enero de 1990

Portada de British Vogue de enero de 1990

 

A Different Vision On Fashion Photography es un extenso y completo recorrido por la obra de uno de los grandes referentes de la fotografía moderna, que falleció inesperadamente en septiembre del año pasado, a los 74 años, prácticamente con la cámara en mano y en plena actividad, mientras preparaba su primera exposición fotográfica autocomisariada en el Museum Kunstpalast de Düsseldorf, en su Alemania natal. Precisamente de esa muestra surge la publicación, a título póstumo, de otro fantástico y recomendable catálogo de la editorial Taschen: Untold Stories.

 

Untold Sories de Peter Lindbergh. © Taschen

 

Actualmente Taschen prepara una nueva edición de A Different Vision On Fashion Photography bajo en nuevo título Peter Lindbergh. On Fashion Photography.

Beneath The Roses de Gregory Crewdson

Descubrí la obra de Gregory Crewdson en la fantástica muestra dedicada a la vida urbana, Perdidos en la ciudad, realizada por el IVAM de Valencia en verano de 2016. Lo primero que captó mi atención de sus fotografías fue el reconocer en ellas a algunos actores conocidos como Julianne Moore, William H. Macy o Tilda Swinton en unas imágenes que parecían fotogramas individuales extraídos de cualquier película norteamericana. Aquellas imágenes pertenecían a la colección Dream House la cuál se ha publicado en formato libro y también en láminas individuales, en ediciones limitadas difíciles de encontrar en estos momentos y en el caso de que así sea, siempre mediante exportación desde los EEUU y a unos costes, tanto del producto como del envío, bastante elevados.

Por suerte no es el caso de Beneath The Roses, publicado por la editorial norteamericana Abrams Books en 2008 y también con una excelente calidad de impresión y reproducción fotográfica. Este catálogo se puede adquirir actualmente por unos 60 € a través de la venta online y aunque no es tan extenso como los de Taschen mencionados antes, sus imágenes se pueden disfrutar en un apreciable formato de 41 x 30 cm.

 

Beneath The Roses de Gregory Crewdson

Beneath The Roses de Gregory Crewdson. © Abrams Books

 

La producción de cada fotografía de Crewdson es propia de un rodaje cinematográfico, utilizando prácticamente los mismos procesos de iluminación y recursos usados en el cine, tanto en espacios reducidos como en escenarios abiertos reales, para los cuáles siempre dispone de un amplio equipo humano y técnico, llegando a convertir calles enteras en auténticos platós de rodaje.

Sin embargo, las fotografías finales de Gregory Crewdson, a pesar de la espectacularidad de su gestación, muestran a sus protagonistas sumidos en una inquietante soledad y confusión, perdidos en medio de paisajes urbanos desolados, calles vacías y en penumbra, o estancias interiores cotidianas que todavía acentúan más la fragilidad humana de quiénes las habitan.

 

Beneath The Roses de Gregory Crewdson

Fotografía de Beneath The Roses. © Gregory Crewdson

 

En Beneath The Roses, cada fotografía está meticulosamente coreografiada. En él encontramos amplios paisajes urbanos en los que podemos descubrir las vidas, aparentemente normales, de los diferentes habitantes que los pueblan. Hay ventanas en primer plano o en la lejanía de la escena que nos invitan a imaginar la historia de las gentes que se ven a través de ellas. Hay coches parados en medio de una carretera solitaria, o en frente de un supermercado vacío en los que descubrimos a sus ocupantes en situaciones ambiguas que provocan una turbadora necesidad de saber qué es lo que está pasando en esos espacios. Es como si al visionar cada imagen del catálogo nos convirtiéramos en voyeurs parapetados tras nuestra propia ventana o entre la maleza de un solar abandonado, presenciando una realidad externa tremendamente desasosegante y al mismo tiempo cautivadora. Pero el clímax de la obra se produce en las escenas en las que el autor nos permite adentramos literalmente en ese microcosmos humano del que solo veíamos una parte desde el exterior, porque el interior es más abrumador si cabe, y la cotidianidad se convierte en un jeroglífico que debemos resolver, prestando detalle a cada reflejo en el espejo, a cada puerta entreabierta, a cada estancia tenuemente iluminada, porque cada parte de la imagen es primordial para entender o imaginar todo el conjunto.

 

Beneath The Roses. Gregory Crewdson

Fotografía de Beneath The Roses. © Gregory Crewdson

The Americans de Robert Frank

Sin duda, septiembre de 2019 fue un mes negro para el mundo de la fotografía. El 3 de septiembre fallecía inesperadamente Peter Lindbergh, y 6 días después nos dejaba, a los 94 años, una de las leyendas vivas de la fotografía hasta entonces, Robert Frank, pieza clave del periodismo gráfico del siglo XX y autor de uno de los libros fotográficos fundamentales en la estantería de cualquier amante de la fotografía: The Americans.

 

The Americans de Robert Frank

The Americans de Robert Frank. © Steidl

 

En 1955, Robert Frank ya cuenta con cierto reconocimiento como fotógrafo, tras haber emigrado desde Suiza a los EEUU en 1947. Frank siente al principio auténtica fascinación por el país que le ha acogido y eso le lleva, auspiciado por quién fue una de sus grandes influencias, el fotógrafo Walker Evans, a solicitar una beca en la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. La propuesta de su solicitud es la de recorrer todo el territorio estadounidense cámara en mano y realizar una especie de informe visual de la sociedad norteamericana y sus costumbres, visto todo ello desde la perspectiva de un emigrante que prácticamente desconoce la compleja idiosincrasia de su nuevo y enorme país, lo cuál le libera de cualquier prejuicio a la hora de capturar la realidad (o realidades) de aquello con lo que se vaya encontrando a lo largo del recorrido.

Concedida la beca, Frank se hace con un viejo Ford Business Coupe, una cuantas cámaras y un buen montón de rollos de película, y empieza su particular road movie que le lleva por más de 40 estados a lo largo de un año y medio. Pero lo que finalmente captura con sus cámaras poco tiene que ver con aquello del sueño americano. Lo que se encuentra es un país de significativos contrastes, con unas diferencias de clase estremecedoras entre la América rica y la América pobre, casi tercermundista, y con la alargada sombra del racismo presente en todo momento. «Un triste poema de Estados Unidos plasmado en fotografías» en palabras del escritor Jack Kerouac.

 

The Americans de Robert Frank

Foto de The Americans. © Robert Frank

 

El resultado final fueron más de 28.000 instantáneas que llevaron a Robert Frank a dedicar prácticamente dos años de su vida a seleccionar las poco más de 80 fotografías que finalmente se publicaron. Pero la América retratada por Frank resultaba tan cruda y triste que pocas editoriales norteamericanas se prestaron entonces a publicar aquel proyecto y, finalmente, la primera edición de The Americans se hizo en Francia bajo el título Les Américains, incluyendo textos de ilustres intelectuales de la época como Henry Miller, Simone de Beavoir, John Steinbeck y William Faulkner.

Hubo que esperar a 1959 para que se publicara el libro tal y como hoy lo conocemos. Fue la editorial Grove Press la encargada de la primera edición de The Americans en Estados Unidos, en la que se eliminaron los textos originales de la edición francesa, debido a su tono “poco americano”, siendo sustituidos estos por una introducción a cargo de Jack Kerouac, lo cuál ayudo a impulsar la venta de un catálogo que en un primer momento recibió una tibia acogida entre el público y cosechó más de un ataque feroz por parte de la prensa especializada estadounidense. Todo ello propició que Robert Frank se distanciara de aquella primeriza fascinación por su América adoptiva, siendo muy crítico desde entonces con una sociedad obsesionada con un “sueño” que en realidad resultaba ser un velo para no ser consciente de su soledad, su miedo y su confusión.

 

The Americans de Robert Frank

Foto de The Americans. © Robert Frank

 

The Americans está ahora disponible en venta online, en una edición de la editorial Steidl, en formato 21 x 18 cm y por unos 35 €, un precio más que razonable para una de las publicaciones míticas de la historia de la fotografía.

Vivian Maier

La historia de Vivian Maier es, sin duda, uno de los acontecimientos fotográficos más sorprendentes de lo que llevamos de siglo. El descubrimiento póstumo de una artista desconocida que prácticamente ocultó su vocación como fotógrafa y un talento al que posiblemente no le dio nunca ninguna importancia, y que fue descubierto y encumbrado tras su muerte por simples casualidades de la vida.

En 2007, un joven historiador llamado John Maloof realizaba una investigación basada en el barrio de Portage Park de Chicago con la idea de publicar un libro ilustrado, cuando localizó en una casa de subastas diversas pertenencias que habían sido abandonadas en el almacén de un guardamuebles. Entre todo aquel material, aparecen una serie de rollos de película sin revelar que adquirió por menos de 400 dólares. Maloof, tras revelar algunos de los carretes y revisar su contenido, decidió descartarlo de su proyecto de investigación y puso algunas de aquellas imágenes a disposición de coleccionistas a través de Internet. Es entonces cuando el crítico e historiador norteamericano Allan Sekula descubre aquellas imágenes y se pone en contacto con Maloof, sorprendido por el talento y el valor histórico de estas, dando pie a uno de los hallazgos fotográficos más sonados de los últimos años.

 

Fotografía de Vivian Maier

© Vivian Maier

 

Maloof, consciente ya del valor de aquel material decide emprender un minucioso proceso de investigación para localizar a los autores de aquellas fotografías disparadas entre las décadas de 1950 y 1990 a caballo entre Chicago y Nueva York. Para cuando descubrió que detrás de aquel sorprendente material gráfico estaba una simple niñera llamada Vivian Maier, aficionada a la fotografía, ya fue demasiado tarde. Mayer ya había fallecido en abril de 2009 en una residencia de ancianos, a los 83 años, sola en el más absoluto de los anonimatos.

La investigación de Maloof le llevó a la familia Gensburg, para la que Vivian había trabajado casi 20 años como niñera y gracias a esto pudo recuperar la correspondencia de Maier, recortes de periódico y diversos carretes fotográficos. También localizó la tienda dónde Maier solía revelar sus fotos cuando podía permitírselo económicamente, algo que no pasaba muy a menudo. En total llegó a reunir a lo largo de su investigación más de 100.000 negativos, muchos de ellos todavía sin revelar, que pudo ir ubicando cronológicamente gracias a que los revelados por la misma Vivian Maier tenían indicados la localización y la fecha en que fueron tomados.

Vivian Dorothy Maier había nacido en Nueva York en 1926, en el seno de una familia emigrante (francesa su madre, austríaco su padre). Siendo pequeña regresa a Francia con su madre dónde reside hasta que, a los 25 años, decide volver a Nueva York dónde empieza a alternar diversos trabajos como niñera que le permiten poder adquirir una cámara Rolleiflex de formato medio cuadrado con la que tomaría casi todas sus fotografías en blanco y negro a lo largo de 40 años.

 

Fotografía de Vivian Maier

© Vivian Maier

 

Nadie sabe como adquirió Maier sus conocimientos sobre fotografía, aunque previas a su segunda estancia en Estados Unidos se le atribuyen algunas imágenes tomadas en Francia con una Kodak Brownie. Se conoce que en algunas de las casas para las que trabajó pudo disponer de un cuarto de baño junto a su habitación dónde pudo montar un cuarto oscuro y revelar algunas de sus fotografías. Pero la verdad es que gran parte de las imágenes que tomó no fueron reveladas porque generalmente no disponía de suficientes recursos económicos para permitírselo, y la mayoría de los carretes acababan acumulados, e incluso abandonados, a medida que Maier cambiaba de familia debido a su trabajo de niñera.

Maier parecía disfrutar más con el proceso fotográfico que con las expectativas del resultado y posiblemente nunca fue consciente de su potencial.

La obra fotográfica rescatada de Vivian Maier no tiene nada que envidiar a la de los grandes cronistas fotográficos de la Norteamérica del siglo XX, a pesar de que ni ella misma se tomó en serio en vida el resultado de su afición a la fotografía. Maier parecía disfrutar más con el proceso fotográfico que con las expectativas del resultado y posiblemente nunca fue consciente de su potencial. Pero el caso es que las fotografías de Maier son de una calidad indiscutible, no solo a la hora de escoger los encuadres en un formato, el cuadrado, cuyo proceso con una Rolleiflex no es precisamente el más idóneo para practicar la Street Photography, sino que además, sus imágenes están resueltas con una proximidad y una nitidez a la hora de mostrar a los sujetos fotografiados, que parecen más propias de un meticuloso trabajo de estudio fotográfico que de un trabajo documental. En las imágenes de Maier no hay desenfoques, ni fotos movidas, ni un grano excesivo. Todo está perfectamente congelado, con todos sus detalles apreciables al 100%. Una auténtica proeza para alguien que posiblemente ni siquiera se paró a pensar en la trascendencia de lo que estaba haciendo… Simplemente tomaba fotos…

 

Autoretrato de Vivian Maier

Autoretrato de Vivian Maier. © Vivian Maier

 

Actualmente hay dos libros muy interesantes que se pueden adquirir online, Vivian Maier. A Photographer Found, editado por el propio John Maloof que reune unas 250 imágenes, muchas de ellas inéditas hasta ahora y Vivian Maier. The Color Work que se centra en la etapa, posiblemente, menos conocida de la fotógrafa, la de sus fotos en color captadas con la misma Rolleiflex pero también con otras cámaras de 35 milímetros que solía cargar con película Kodak. Los dos han sido publicados por la editorial Harper Collins Publishers.

 

© Harper Collins Publishers

España Oculta de Cristina García Rodero

Y vamos ahora con un libro que por desgracia ya está descatalogado y solo se puede encontrar en el mercado de segunda mano para coleccionistas, a unos precios poco asequibles, pero que por la relevancia que tuvo en el momento de su publicación y por la categoría de su autora es considerado como uno de los mejores catálogos gráficos publicados en España.

Hablar de Cristina García Rodero es hablar de todo un referente de la fotografía documental, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y primera fotógrafa española en formar parte de la prestigiosa Agencia Magnum.

 

España Oculta de Cristina García Rodero

España Oculta de Cristina García Rodero. © Lunwerg Ediciones S.A.

 

En 1989, la editorial Lunwerg publicaba España Oculta, un libro con 126 fotografías realizadas por una fotógrafa española prácticamente desconocida por aquel entonces, Cristina García Rodero, quien había recibido en 1973 una beca de la Fundación Juan March para realizar un proyecto fotográfico. Su idea inicial era la de recorrer España con su cámara tomando fotos en general, pero tras ser testigo de algunas de sus costumbres más peculiares, decidió centrar su trabajo en las fiestas y tradiciones populares, algunas de ellas ya en vías de desaparición en pro de los tiempos modernos que se avecinaban en la España cambiante de finales del siglo XX.

 

España Oculta de Cristina García Rodero

Fotografía de España Oculta. © Cristina García Rodero

 

Recuerdo cuando compré este libro, allá por 1993, que la sensación que tuve a medida que pasaba sus páginas fue la de estar viendo en imágenes una España muy anticuada, como si esas fotografías fueran de tiempos muy lejanos. Desconocía entonces el período en que estas se habían realizado hasta que al comprobar las fechas de cada instantánea, ya en las páginas finales, me encontré con la sorpresa de que algunas de ellas no tenían más de 4 o 5 años, y en general habían sido tomadas en un intervalo de entre 10 y 15. A pesar de haber nacido y vivido en una zona rural en la que no era muy difícil encontrarte alguna estampa parecida en sus fiestas tradicionales, el impacto que me produjeron las imágenes de García Rodero, siendo yo aún muy joven, es algo que ha perdurado en mi memoria a lo largo de los años.

 

España Oculta de Cristina García Rodero

Fotografía de España Oculta. © Cristina García Rodero

 

Sin duda, España Oculta es uno de los reportajes fotográficos sobre nuestro país más descarnados y punzantes hechos nunca. Una realidad que estremece, que incluso llega a parecer distópica, simplemente captada a partir de las fiestas tradicionales y el folclore español de finales de siglo y que cuesta reconocer e incluso aceptar, a pesar de que algunas de esas costumbres siguen vigentes actualmente y no solo en los pueblos más recónditos de nuestro país.

Imprescindible.

Fullmoon de Darren Almond

Una de mis recientes adquisiciones ha sido el libro Fullmoon, también publicado por la editorial Taschen y obra del artista multidisciplinar británico Darren Almond, quien era totalmente un desconocido para mí hasta que descubrí su obra a través de Internet hace poco menos de 3 años. Por aquel entonces yo me encontraba desojando la margarita con respecto a la publicación impresa de mi propio proyecto fotográfico, Quadratures Mínimes, y encontré en las imágenes de Almond una clara conexión con mi concepción del espacio y el paisaje aplicada a esas fotografías que había ido disparando a lo largo de los años, al margen de mi labor profesional.

 

Fullmoon de Darren Almond

Fullmoon de Darren Almond. © Taschen

 

Fullmoon es una fascinante colección de fotografías realizadas con la luna llena como única fuente de luz. El resultado, a medio camino entre la ensoñación y la abstracción, convierte el paisaje fotografiado en algo propio de un mundo diferente al nuestro, irreal e inhóspito, fruto de la técnica de fotografiar en largos tiempos de exposición (15 minutos o más) que nos permite descubrir aquello que el ojo humano no distingue a simple vista en unas condiciones de luz tan extremas.

Sin duda, Fullmoon es un interesante experimento que nos brinda una particular visión de la fotografía paisajística, alejada de los cánones propios de una imagen de postal. Ese paisaje, en manos de Darren Almond, no es más que el medio para plasmar en sus imágenes atmósferas y ambientes que a pesar de ser captadas en espacios naturales reales, transcienden más allá de esa realidad y se muestran como si hubieran sido extraídos de un mundo paralelo al nuestro… Parecido, pero sin ser el mismo.

Este catálogo de 400 páginas, magníficamente maquetado e impreso, se puede conseguir ahora por unos 50 € en venta online, en formato 30 x 30 cm.

 

Fullmoon de Darren Almond

Fullmoon de Darren Almond. © Taschen

Expanding Universe. The Hubble Space Telescope

Y ya para finalizar, saltamos de lo terrenal hasta más allá de los confines del universo, porque no podemos obviar un campo de la fotografía que ha ido ganando adeptos en los últimos años, gracias a los avances tecnológicos de las cámaras digitales y que, sin duda, nos ha brindado algunas de las imágenes más espectaculares y hermosas de la Vía Láctea captada desde la Tierra. Hablo de la astrofotografía.

Pero no podemos hablar de astrofotografía sin darle al César lo que es del César, porque sería imposible entender la magnitud y la relevancia de lo que representa este campo fotográfico sin pasar por el hito histórico y científico que supuso la puesta en órbita del telescopio espacial Hubble, el “astro rey” de la astrofotografía moderna.

 

Hubble. Nebulosa del Águila

La Nebulosa del Águila, captada por el Hubble, está a una distancia de 6.500 años luz. © NASA

 

Antes del Hubble, la única manera de captar imágenes del universo era a través de los telescopios terrestres, los cuales suelen verse afectados por los elementos meteorológicos e incluso por la contaminación lumínica. Además, nuestra atmósfera absorbe la radiación electromagnética en la longitud de onda del infrarrojo, afectando considerablemente a la calidad de las imágenes e imposibilitando la captación de algunos espectros. Disponer de un telescopio en órbita, que no se viera afectado por las distorsiones de la luz que llega del espacio, propias de la atmósfera terrestre, era algo que ya en los años 20 del siglo pasado tenía en mente el experto en cohetes alemán Hermann Oberth. Por supuesto tuvieron que pasar muchos años para que la tecnología pudiera hacer posible la construcción de semejante artefacto y es ya en 1977 cuando el congreso norteamericano aprueba el proyecto, gracias al impulso dado a este por el físico estadounidense Lyman Spitzer.

Programado en un principio para ser lanzado en 1983, el Hubble tuvo que esperar unos cuantos años más debido a diversos retrasos y sobretodo a las consecuencias del accidente del transbordador espacial Challenger que en 1986 se desintegró en el aire al poco de despegar, acabando con la vida de sus siete tripulantes. Finalmente es en 1990 cuando el gran telescopio espacial es puesto en órbita después de haber triplicado el presupuesto inicial del proyecto.

 

Hubble. Galaxia Andrómeda

La Galaxia Andrómeda, captada por el Hubble, está a 2,5 millones de años luz. © NASA

 

Pero todavía debía de pasar la prueba de fuego que era la de saber su verdadera capacidad para cumplir con el propósito para el cuál había sido construido: ver el universo desde una perspectiva nunca vista. Y es con la recepción de las primeras imágenes cuando los astrónomos se dan de bruces con la cruda realidad. Las imágenes captadas por el Hubble no eran nítidas ya que se apreciaba en ellas un desenfoque no previsto debido a un defecto en el pulido del espejo principal. Pero los científicos de la NASA no se dieron por vencidos y aprovechando que el Hubble había sido preparado para poder ser manipulado en el espacio a través de un transbordador espacial, trabajaron durante dos años para solucionar el problema y finalmente, en 1993, se produce la primera de las cinco misiones tripuladas que han sido necesarias durante los 30 años de vida de uno de los mecanismos fotográficos más impresionantes construidos nunca por el ser humano. Aquella misión de 1993 para reparar el espejo principal del Hubble nos ofreció una de las postales más icónicas de la aventura espacial, la de los astronautas del transbordador Endeavor flotando por el espacio mientras reparaban el telescopio.

 

Transbordador espacial Endeavor. Hubble

Fotografía tomada desde el transbordador espacial Endeavor en 1993 durante la primera misión de reparación del Hubble. © NASA

 

Y es a partir de ese momento, ya con el Hubble luciendo sus particulares “gafas” para corregir la vista, cuando el universo más recóndito empieza a ser descubierto en todo su descomunal esplendor, con una claridad y proximidad estremecedora, cambiando por completo el significado de nuestra existencia y de nuestra condición (minúscula) como seres humanos ante esa inmensidad infinita.

Pero el hito fotográfico del Hubble va mucho más allá y todavía resulta más inquietante si nos paramos a pensar en el funcionamiento de las longitudes de onda de la luz. El ojo humano capta una parte del espectro de la luz, el que nosotros llamamos espectro visible, el cuál viaja por el espacio a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. Eso significa que si el sol está a 150 millones de kilómetros de la Tierra, la luz del astro que nos llega a nosotros es la que se ha producido 8 minutos y 20 segundos antes de que nosotros la veamos, que es lo que tarda la luz en recorrer la distancia que nos separa de él. Pues bien, si eso lo trasladamos al firmamento cuando contemplamos las estrellas por la noche, nos encontramos con la paradoja de que la luz que nos llega de estas no es la luz actual, sino que vemos la emitida en el estado en que esas estrellas estaban hace años. Por ejemplo, la estrella más cercana a nuestro sistema solar es Proxima Centauri y esta se encuentra a una distancia de 4,22 años luz. ¿Qué significa esto? Pues que la luz que vemos desde la Tierra de Proxima Centauri es la luz que se ha producido hace 4,22 años y no la que en estos momentos desprende.

Traslademos esto al funcionamiento del Hubble, el cuál no solo funciona en nuestro espectro visible, sino que además puede captar la luz fuera de este, en especial la infrarroja que le permite capturar objetos en el universo en zonas, por decirlo de algún modo “oscuras”. A medida que la visión del Hubble se adentra en los confines del espacio, no solo nos está descubriendo como es, sino que además está calculando qué edad real tiene éste, ya que cuanto más lejano es el objeto que consigue capturar más cercano está este de la luz del inicio del universo.

El acontecimiento que cambió por completo nuestra existencia se produjo entre el 3 de septiembre de 2003 y el 16 de enero de 2004, cuando el Hubble apuntó a una pequeña zona del espacio logrando captar en el espectro de la luz visible la imagen más profunda tomada nunca del universo. Es lo que se llamó el Campo Ultra Profundo del Hubble.

El acontecimiento que cambió por completo nuestra existencia se produjo entre el 3 de septiembre de 2003 y el 16 de enero de 2004, cuando el Hubble apuntó a una pequeña zona del espacio logrando captar en el espectro de la luz visible la imagen más profunda tomada nunca del universo. Es lo que se llamó el Campo Ultra Profundo del Hubble. El resultado es una imagen a partir de una pequeñísima porción del universo en la que se pueden apreciar diversas galaxias en diferentes tamaños, formas y colores. Se calcula que la luz de estas captada por el Hubble fue emitida hace más de 13.000 millones de años, a tan solo 800 millones de años del cálculo que se tiene con respecto al nacimiento del universo, lo que conocemos como el Big Bang.

 

Campo Ultra Profundo del Hubble

Campo Ultra Profundo del Hubble. © NASA

 

Desde un punto de vista fotográfico, ¿no me digáis que todo esto no es abrumador?. Pues bien, este mismo mes, de nuevo por obra y gracia de Taschen, saldrá a la venta el libro Expanding Universe. The Hubble Space Telescope con motivo del 30 aniversario de la puesta en órbita del telescopio espacial Hubble, y además a un precio muy interesante (30 €) teniendo en cuenta la calidad de esta editorial y de que hablamos de un catálogo de casi 300 páginas con desplegables interiores y en un formato cerrado de 30×30 cm. Una oportunidad fantástica para ver impresas las que sin duda son las fotografías más importantes de la historia de la humanidad, ya no solo por la pericia tecnológica que las ha hecho posibles, sino sobretodo, porque es el documento visual más esclarecedor de nuestra verdadera condición humana… Simplemente somos polvo de estrellas…

 

Expanding Universe. The Hubble Space Telescope

Expanding Universe. The Hubble Space Telescope. © Taschen

 

@bernatgu

Robert Capa: el «americano» que estuvo allí

10 Abr 2020

 

Robert Capa fotografiado en la cubierta del USS Chase

 

Robert Capa fotografiado en la cubierta del USS Chase

 

Indochina, mayo de 1954

En la primavera de 1954, Francia está a punto de fracasar en su intento por recuperar las colonias francesas de Indochina, tras casi 8 años de conflicto bélico con el Viet Minh de Ho Chi Minh.

Montado “de paquete” en un jeep, un fotógrafo dispara con una vieja Contax II cargada con película en blanco y negro, mientras un convoy del ejército francés, del que forma parte el vehículo, se adentra en una zona de campos llenos de espesa vegetación. Las últimas posiciones francesas están a punto de caer. La derrota de Francia es ya un hecho y el final de la guerra es inminente. No así la sangría que durante décadas asoló los territorios de la antigua Indochina Francesa (Vietnam, Camboya, Laos).

Selfie

8 Mar 2020

 

Selfie

 

Hay en Internet un debate sobre la autoría del primer selfie de la historia” (pongamos comillas, por favor) y el marco temporal en el que este se obtuvo. El debate, más allá de romperle los esquemas a algún millennial al situar la primera acción atribuible al término anglosajón selfie fuera del siglo XXI y sin opción de carga en Instagram, conlleva otro debate secundario (o quizás sea el principal) sobre la definición correcta de lo que se supone que es un selfie.

Las cosas son raras

4 Feb 2020

 

The Illuminated Man (El hombre iluminado) © Duane Michals

The Illuminated Man (El hombre iluminado). © Duane Michals, 1968

 

Recuerdo una reseña escrita a raíz de una exposición fotográfica que hice, hace ya más de 20 años, en la que el autor de esta tildó mis imágenes de «paisajismo en blanco y negro». Por entonces yo era bastante más joven de lo que soy ahora (optimismo de xennial fofisano) y como el desencanto todavía no me ha había dado fuerte en la cara, aún soñaba que, con el tiempo, me haría un hueco respetable en el olimpo fotográfico. Sí es verdad que en aquella época todavía fotografiaba exclusivamente en blanco y negro, como también es verdad, que la mayoría de mis fotografías eran tomadas en exteriores. Pero nunca he tenido, ni entonces ni ahora, ningún interés por el “realismo” del espacio fotografiado, ni a la hora de verlo, ni a la hora de capturarlo en una fotografía. Aquello del «paisajismo en blanco y negro» me sentó un poco como una patada en mis partes colgantes, más por el hecho de pensar que, quizás, mi estilo fotográfico (si es que había alguno entonces) pudiera estar sumido en cierta indefinición, que por el de una reseña escrita por alguien que, presumiblemente, no había entendido muy bien de qué iba la cosa, seguramente como consecuencia de lo primero.

La fotografía en tiempos de la #fotografi@ (segunda parte)

9 Dic 2019

 

La fotografía en tiempos de la #fotografi@ (segunda parte)

 

 

Blade Runner (Ridley Scott, 1982) nos mostró un futuro que, llegados ya a ese noviembre de 2019, ha resultado distópico en muchos aspectos. Aunque muchas ciudades actuales bien se asemejan a aquella Los Ángeles futurista, sombría, húmeda y saturada de luces de neón (leds ahora), la verdad es que la robótica, la IA y la ingeniería genética todavía están en pañales, la humanidad no ha colonizado el espacio exterior y lo más parecido a un coche volador que he visto en mi vida ha sido el Ford Thunderbird de Thelma y Louise.

Pero Blade Runner, obra maestra indiscutible del cine, y no solo del de ciencia ficción, cuyo visionado debería de ser obligatorio para todo buen amante de la fotografía cinematográfica, o de la fotografía a secas, nos brindó algunos de los artefactos más icónicos de la historia del cine, como los spinners, el blaster con el que Rick Deckard eliminaba replicantes a boquete limpio, o el famoso maletín para el test Voight-Kampff. Pero sin duda, el cacharraco que seguramente hizo las delicias de cualquier fotógrafo antes de la era digital, fue la máquina de foto análisis Esper.

La fotografía en tiempos de la #fotografi@ (primera parte)

17 Oct 2019

 

Harvey Keitel en una de las escenas icónicas de Smoke (Wayne Wang 1995)

 

Para muchos de los que hemos tocado aun la fotografía analógica, procesar todo lo que ha supuesto el convulso camino hasta esta era digital, extenuante en muchos aspectos, nos ha dejado un sabor de boca un tanto agridulce. Dulce, sin duda, por todas las posibilidades creativas que la tecnología ha traído consigo, y amargo, también, porque tal y como, hace ya 5 años, definió el fotógrafo Siqui Sánchez en aquel legendario cabreo, Apoteosis de la Mierdografía, cuando una actividad artesanal (porque eso éramos los fotógrafos: artesanos de la imagen) pasa a convertirse en un producto fast food, la esencia de ese acto artesano acaba siendo engullida por la banalización y la ausencia de esa complejidad intelectual en el discurso, necesaria esta, en cualquier proceso creativo o artístico. La fotografía no ha muerto, ha evolucionado, y de qué manera, pero hay que reconocer que desde que se “democratizó”, su uso en las redes sociales tienen algo de, y cito de nuevo a Siqui, «patología del comportamiento».

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